lunes, 2 de abril de 2018

Apoyo a la transición de Primaria a Secundaria


     La transición de primaria a secundaria es de las más significativas para el niño en edad escolar. Uno de los cambios característicos del paso de 6º curso a 1º ESO es la “repentina” desmotivación hacia la tarea de estudiar, pues las asignaturas aumentan en cantidad y complejidad. El aumento del número de profesores…


  Motivar a un adolescente para que estudie es de las cosas más difíciles con la que los padres se enfrentan en la educación de sus hijos. Por una simple razón: estudiar es MUY ABURRIDO y más si no sabes cómo hacerlo. Otro factor que afecta especialmente a la falta de motivación hacia el estudio es la dificultad que tienen los adolescentes a la hora de valorar las recompensas a largo plazo. Y estudiar,  es una carrera de fondo, no de velocidad; y los frutos los recogemos, en ocasiones, DEMASIADO TARDE.

¿Cómo plantear la necesidad de que estudie?

A.   “Por qué estudiar”

         En este tema tenemos que ser directivos y firmes. Le explicamos a nuestro hijo que la vida no es sólo juego. Todo lo que uno posee o hace (ropa, móvil, ordenador, ir al cine…) ha costado un esfuerzo PREVIO por parte nuestra, un dinero y horas de trabajo. Él no tiene que buscarse la vida aún, pero sí tiene EDAD para empezar a descubrir que en un futuro no muy lejano, para disfrutar de las cosas materiales y experiencias de ocio tendrá que ganar dinero y que para ello deberá trabajar. Y su trabajo AHORA es, precisamente, estudiar. Aunque a su vez, le hacemos ver que el tiempo no es SÓLO obligaciones, sino que tras el duro esfuerzo vienen las recompensas y el descanso merecido; por lo que también tendrá momentos de ocio que se le respetarán si cumple con su OBLIGACIÓN. Esto se puede extrapolar al tema de las tareas y responsabilidades en el hogar. En casa vivimos todos y TODOS tenemos que echar una mano (dentro de nuestras posibilidades y edad, por supuesto).

B.    “Para qué estudiar”

    Evidentemente para tener oportunidades de empleo. Esto no es sencillo de inculcar y requiere una labor paralela de orientación vocacional, porque si le preguntas a un adolescente por cómo se ve dentro de 20 años seguro que responde que la vida le sonreirá, y ganará dinero de sobra casi sin hacer nada. Desmontar esta fantasía con ejemplos cercanos (conocidos que no tengan trabajo porque no están suficientemente formados o que tienen que trabajar en algo que no les gusta porque ahora te piden carrera, máster e idiomas para ser “mileurista”), puede ayudar a que toquen un poco los pies en la realidad. Y ayudarle a descubrir sus habilidades e intereses por temas a los que se podría dedicar laboralmente dentro de unos años es un buen comienzo para que le encuentre sentido a la ardua tarea de estudio.

     El adolescente funciona, muchas veces con premios. Buscad reforzadores, algo que desee con todas sus fuerzas: salidas el fin de semana con amigos, dinero, móvil, clases de padel…  y “jugad” con ellos como premios por el esfuerzo realizado (incluso aunque los resultados no sean sobresalientes). Y no os olvidéis de ofrecer cariño, tanto en los premios como en la retirada de los mismos pues las expresiones de amor hacia vuestro hijo NUNCA deben emplearse como moneda de cambio.

Por Isabel Oliva Gómez, Pedagoga, Logopeda y Técnico del Ayuntamiento de Barbate.

lunes, 5 de marzo de 2018

La motivación

   No tiene interés. Le da todo igual. Es una batalla diaria comenzar a hacer los deberes con él.  Se distrae constantemente. Se olvida de apuntar los deberes.

   Tendremos tantas soluciones como niños haya, ya que cada uno de ellos presentará sus propias peculiaridades y circunstancias.

    Un niño con un buen potencial de aprendizaje y una baja motivación tendrá malos resultados, haciéndose esto más evidente a medida que el niño se hace mayor ya que dependerá de más trabajo y horas de estudio. No obstante un niño con un potencial de aprendizaje normal o ligeramente bajo, pero con una alta motivación probablemente sacará adelante los cursos. Ejemplo los superdotados fracasados.

   Si hay sospecha de cualquier dificultad en el aprendizaje, paralelamente a motivarle en sus deberes, deberíamos efectuar una evaluación para detectar estas posibles dificultades ya que si nos quedamos sólo en motivarle y no somos capaces de darle los recursos y medios que necesita para tal aprendizaje, probablemente no avanzaremos. 

LA MOTIVACIÓN: 

     Lo primero y más relevante a tratar cuando se consulta por “baja motivación” de un adolescente por los estudios, es el origen de esta vivencia (o los factores que se asocian a ello).

Tres aspectos se deben considerar:

1. La motivación se define como el impulso a actuar hacia una meta y SIEMPRE ESTÁ PRESENTE.

2. Lo que varía es HACIA DÓNDE SE DIRIGE LA MOTIVACIÓN. La motivación se dirige primero a la satisfacción de necesidades básicas (comer para saciar hambre, abrigarse para palear frío) y luego hacia la satisfacción de otras más complejas (buscar afecto, autoestima, ser parte de un grupo, ser reconocido socialmente, etc.).

3. Si no están resueltas necesidades básicas y emocionales, parece ser que la motivación por el aprendizaje queda postergada. En este sentido, antes de asociar la baja motivación por el estudio a factores propiamente escolares, debiese realizarse un análisis sobre la calidad del contexto familiar (ambiente tenso o armónico), disposición de los padres hacia el aprendizaje (expectativas sobre el hijo y grado de apoyo o presión que ejercen, mediante un sistema de premios y castigos) y desarrollo del autoconcepto académico del alumno (saberse capaz aumenta la motivación mientras que una baja autoestima en este ámbito o reales dificultades serán una variable interviniente).

   La verdadera motivación, a la que debemos apuntar en nuestros hijos, es la motivación INTRÍNSECA, es decir, la que viene dada desde ellos y no la que “aparece” por mecanismos como premios o sanciones (ambos externos).  Si vuestro hijo se queda en el “yo estudio porque me lo dicen mis padres y no porque yo quiera” no habrá muchos avances.

CUANDO APARECE ESA DESMOTIVACIÓN:

     Hay niños que siempre les ha costado avanzar y, por tanto, pueden haber desarrollado un cierto desinterés por algo que les cuesta más que a sus compañeros y esto les produce baja motivación.

      El niño que baja repentinamente en sus calificaciones escolares en un momento dado puede señalarnos la intrusión de factores externos. Estos pueden ser de tipo familiar (problemas económicos, rupturas matrimoniales, etc.) pero también intra-escolares. A veces nos encontramos con niños que son víctimas fáciles de otros compañeros o incluso algunos que deciden bajar de notas para ser mejor aceptados en el grupo.

Por Isabel Oliva Gómez, Pedagoga, Logopeda y Técnico del Ayuntamiento de Barbate.

miércoles, 7 de febrero de 2018

Programa de Entrenamiento Pedagógico


   El pasado día 31 de enero continuamos con el taller de entrenamiento pedagógico en el IES Vicente Aleixandre de nuestra localidad. Durante esta sesión se atendieron una serie de cuestiones que se analizaron y debatieron.

     Se especificó que estábamos en un taller y no en un ciclo de charlas, donde las familias se pueden formar para enfrentarse con las herramientas adecuadas a los problemas que surgen en el día a día en lo que respecta a las relaciones con sus hijos/as.

Son datos estadísticos verificados que cada vez los padres y madres recurren con más asiduidad a los psicólogos y psiquiatras dado que se encuentran agobiados y sin estrategias para enfrentarse a la educación de sus descendientes.

     Se recalca que los primeros que tienen que cambiar en la mayoría de las ocasiones son los propios padres y madres para mejorar la calidad de vida de toda la familia; se establece como finalidad enseñar a los hijos e hijas a que aprendan a pensar por sí mismos y sobre todo fomentar la motivación intrínseca, es decir que los niños y niñas estudien porque se sientan a gusto aprendiendo.

     Crear hábitos adecuados es un reto magnífico para las familias, cada persona es diferente y los padres y madres no se pueden cansar de sembrar para recoger antes o después buenos frutos. No hay edad para comenzar desde que nacen y a partir de los 12 meses el niño integra el “no” por lo que se puede comenzar a instaurar los límites. Las consecuencias son proporcionales a la edad y no se debe confundir consecuencias con castigo.

  Se propone a los asistentes que piensen como poder cambiar los castigos y partes en la educación secundaria.

   En una ronda de preguntas sobre los objetivos que cada uno de los asistentes tienen con este taller se establecen los siguientes:

1.      Extraer todo el potencial que como padre/madre tiene para que sus hijos/as muestre su esencia, sus talentos, lo único especial que posee todo niño/a.

2.      Comprender el verdadero impacto de la escucha activa o empática y sus beneficios, mejorando así la comunicación con sus hijos/as llevándola a un nivel profundo y eficaz.

3.      Adquirir consciencia y autoconocimiento, conocerse mejor cada uno, conocer mejor a los hijos /as y que él o ella se conozca cada día más.

4.      Descubrir el poder de la curiosidad y practicar las preguntas potentes.

5.      Aprender a utilizar el poder del reconocimiento, el refuerzo y el respaldo.

6.      Distinguir las creencias posibilitadoras y aquellas que nos limitan y sabotean.

7.      Aprender a co-crear con los  hijos/as una relación segura y plena basada en la confianza, la alegría, la responsabilidad y el compromiso.

8.      Identificar y poner nombre a las emociones para reconocerlas y legitimarlas. Y una vez identificadas aprender a procesarlas correctamente para acompañar a los hijos/as

  Queda claro que todos los asistentes quieren  ayudar a sus hijos e hijas  para que den lo mejor de sí mismo.

 El miércoles próximo la temática abordar será “Castigos y consecuencias”
 
Dirigido por D. Antonio Fernández Ligero.
Coach Educativo, Deportivo y Personal.
 
 

lunes, 5 de febrero de 2018

NIÑOS/AS OBEDIENTES VS DESOBEDIENTES

A grandes rasgos, podemos decir que un/a niño/a totalmente obediente es un niño/a que se ha dado por vencido/a. No muestra interés en mostrarse como es el mismo o ella misma. Sólo logra satisfacción sometiéndose a los demás. Es un buen subordinado/a. Cuando crezca será un adulto/a pasivo/a carente de todo impulso, de imaginación e iniciativa.

Por el contrario, un/a niño/a que siempre se porta mal, es un/a niño/a que no ha aprendido a posponer su gratificación, no puede renunciar al placer inmediato en espera de una satisfacción mayor que puede lograr a través de medios socialmente aceptados. Con frecuencia estos niños y niñas han crecido en un ambiente que no les brindó nunca satisfacciones suficientes como para permitirles aprender a controlar sus impulsos en espera de una gratificación mayor, diferida. O sea que para que su hijo o hija pueda tolerar la frustración debe aprender que obtendrá cierta satisfacción por hacerlo.



¿Qué podemos hacer si nuestro hijo/a es siempre desobediente?

Para empezar, indagar las razones que originan esa mala conducta. Identificar con claridad el problema para poder resolverlo (escasa atención de los padres, padres que  aspiran a la perfección, privación al niño/a de satisfacciones y privacidad cuando no cumple con exigencias desmedidas, celos por el nacimiento de un hermano/a, etc).

Un niño/a tratado con indiferencia o exigencias desmedidas es normal que se muestre desinteresado, carezca de motivaciones y se porte mal constantemente. No importa lo bien que se pueda portar o lo logros que pueda obtener, nada se le reconoce.

Los niños/as que siempre hacen lo opuesto a lo que se les pide.

Esta actitud de los niños/as encubre un mensaje. Nos está pidiendo indirectamente que se interese más en él o ella. La conducta de oposición persistente es en el peor de los casos un intento de contrariarla y en el mejor de los casos un medio para llamar su atención.

El intento de contrariarla es la expresión más directa de la hostilidad y el resentimiento del niño/a. A veces el niño/a miente, roba o actúa con falsedad no por las dudosas recompensas que puedan significarle estas acciones, sino por el solo hecho de portarse mal. En general, un niño/a que manifiesta crónicamente estas conductas está pidiendo a gritos que le presten atención.


Por Isabel Oliva Gómez, pedagoga, logopeda y técnico de la Delegación de Educación y Fco Javier Camacho Ramos, psicopedagogo para la Escuela de Padres del Ayuntamiento de Barbate.

lunes, 15 de enero de 2018

NUTRICIÓN INFANTIL

Una buena nutrición en el niño no es sólo conseguir un crecimiento y desarrollo adecuado, sino que también consiste en evitar carencias nutricionales y prevenir enfermedades que en el adulto suelen estar relacionadas con la dieta, como son la obesidad o la diabetes. Es por ello que alimentarse bien es la base de un buen crecimiento y también de una buena conducta alimentaria para el resto de la vida.

Durante la digestión, los alimentos se transforman en nutrientes aportando la energía indispensable para el buen desarrollo de los niños. El rápido crecimiento durante el primer año de vida y su continuidad hasta el final de la adolescencia, conllevan unas necesidades nutricionales superiores a las de cualquier otra época de la vida.






La enseñanza de una correcta alimentación desde la niñez, con el transcurso del tiempo genera hábitos alimentarios que acompañan al sujeto durante toda la vida.

Fundamentalmente, una alimentación correcta es aquella que: 
  • Es variada: debe estar compuesta por los cinco grupos de alimentos de la pirámide alimenticia.
  • Es suficiente: su cantidad debe estar en función con el período de la vida, la actividad física y el trabajo que desarrolla el sujeto.
  • Está bien distribuida: debe realizarse con intervalos variables y no menos de cuatro comidas al día.



En definitiva, una dieta sana y equilibrada para un niño debe estar constituida por alimentos variados y adecuados a la edad, gustos, hábitos y actividad física e intelectual del mismo. Las siguientes pautas pueden contribuir a darle una dieta saludable y nutritiva a su hijo:
  • Ofrézcale cinco porciones de fruta o verduras por día.
  • Prefiera las fuentes saludables de proteínas, como carnes magras, nueces o huevos.
  • Sirva panes integrales y cereales porque son ricos en fibra.
  • Hornee, ase o cocine al vapor los alimentos en lugar de freírlos.
  • Limite las comidas rápidas y la “comida basura”.
  • Ofrézcale agua y leche en lugar de zumos de frutas con azúcar y refrescos.

Por Noelia Bermúdez Benítez, Psicóloga para la Escuela de Padres y Madres del Ayuntamiento de Barbate